Afuera hay un viento incontenible doblegando voluntades y rascacielos

Por: Luis Cabrera Vigo

Mientras crecía y caminaba, el viento atacaba, o mejor dicho: una vez salido del vientre quedé expuesto a la borrasca del mundo.

El viento fustigó mis ojos. Se deslizó sobre ellos, dibujó finas carreteras rojas por donde desbordaban las lágrimas, sopló sobre el lago oscuro y su estrella y lo llenó de niebla. Los óleos y las tierras de color ya no fueron iguales, dejé el caballete y la modeló fugó.

Imperdonable: azotó mi rodilla, mis rojas extremidades. Todo sobre la verde grama, delante de los aplausos.

Su fuerza hostigó mis pies de bronce, ahora de barro.

Asoló mi pecho y sus primeros sueños.

Zahirió mi lomo hasta dejarme sin alas, sin plumaje, sin deseos de elevarme.

Me hundió una costilla y dejé de respirar contados minutos, para luego levantarme, espantado, pero la arena en el reloj seguía su curso.

Quiso hacer un torbellino con las ideas, los sueños de la infancia, destruir ese espacio donde uno puede crear criaturas y molicies, pero no lo permití, me parapeté en el muro de mis primeras acciones y me atrincheré con todo, con esto, con aquello, con un nombre, icé mi bandera y aquí estoy, librando la batalla.

Sé que avanza incontenible, qué a su paso ha doblegado voluntades y rascacielos.

Aquí lo espero.

Texto: 2016 ©Luc Vigo

Ilustración: “Silueta bajo la lluvia” 2009  © Magi Batet Balcells

09 de agosto2016

7.11 am de mañana

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