El pueblo más sabe por quién no votar

Por: Chardin Mijahuanca Pinzón

¿Será posible algún día tener candidatos de calidad?, es una interrogante que recogí de un joven tras pronunciarse en las redes sociales, frente a los escándalos de corrupción que se vienen registrando en nuestro país. Una sencilla pregunta, que estoy seguro, nos hacemos más de medio país.

Estamos, prácticamente, a dos escasas semanas de participar en las Elecciones Regionales y Municipales 2018, pero existe un gran porcentaje de ciudadanos que no saben aún por quién votar; así es, no saben por quién votar. Y es que, el nivel de desconfianza, corrupción e inmoralidad que vienen heredándonos diversos políticos tradicionales, causa una tremenda inestabilidad en la democracia del país.

Los últimos escándalos de corrupción, registrados en el Consejo Nacional de la Magistratura y a nivel del sistema de justicia, ahoga aún más las esperanzas de la ciudadanía. Con un poder ejecutivo de pocas agallas, un poder legislativo blindado y un poder de justicia con falencias en su organización, el peruano de a pie, no tiene esperanza alguna de que los actuales candidatos sean de una estirpe diferente.

Los más de 31 millones de peruanos, estamos heredando una crisis política y moral por parte de organizaciones políticas. Si bien la aprobación de los cuatro ejes que plantea el mandatario Martín Vizcarra en su pedido de reformas, calmará la hemorragia del país, no quiere decir que será el bálsamo que sanará la herida. El pueblo más que promesas y propuestas, espera una sola cosa, que los políticos no les fallen más.

Nuestro país sueña, sueña con un día en el que sus candidatos políticos no tengan un pasado oscuro, que sean candidatos de calidad, preparados y sobre todo humanistas. El pueblo sueña con ese día en el que sea difícil elegirlos por lo bueno que son y no por lo corruptos o inmorales que demuestran ser. Se necesita una sangre nueva en política, donde prevalezcan los nobles ideales y no los intereses personales.

Sueña, Perú de mis amores, es una manera de saber que aún hay esperanza de un mejor país. Y mejor aún, empecemos cambiando nosotros mismos; quizá no podemos ayudar a todo un país pero con que ayudemos a una o dos personas y, esas personas ayuden a otras como especie de cadena, habremos hecho patria.

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