Nuestro cuerpo, nuestro territorio

Por: Katty Martinez Rodas

El primer territorio que las mujeres aprendemos a cuidar es nuestro cuerpo, porque en la sociedad que vivimos está implícito que nuestro cuerpo casi nunca nos pertenece. O nos virginizan como incubadoras o nos categorizan como las solemnes cuidadoras. Nada más. Nuestra sexualidad no es algo de lo que se hable, y si se habla es para enseñarnos que siempre podemos ser objeto de violencia.

En un país tan diverso como el nuestro, a las mujeres lo que nos une, más allá del sexo, la edad, la cultura o nivel socio económico, es la violencia que podemos vivir en cualquier momento. Quizás por eso en el 2016 miles de mujeres de diferentes tamaños, colores, y estados de cuenta, salieron a las calles a gritar por su dignidad y por su vida, muchas pusimos los cuerpos que tanto nos cuesta mantener a salvo, no solo por solidaridad a la otra, sino porque todas hemos sido víctimas en algún momento de violencia, y todas nos hemos visto reflejadas en el grito de valentía que tratamos de levantar.

Creo que una de las peores cosas que ha hecho el patriarcado y el capitalismo con nuestros cuerpos es darnos una mirada hegémonica de belleza y una mirada bastante dictatorial con nuestras formas. Quizás esa sea la primera victoria del machismo: estar en constante guerra con nuestros propios cuerpos, sus fronteras, sus sinuosidades, sus incoherencias con lo estandarizado.

Muchas de las que estamos en la lucha contra la violencia patriarcal, aun libramos una lucha interna con nosotras mismas por las ideas impuestas y largamente difundidas en nuestra sociedad. Sin embargo, nuestra primera rebeldía contra el sistema es, no solo aceptarnos, sino amar nuestros cuerpos, y recordar que no somos territorio de conquista.

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