Se cumplieron 100 primeros días de gestión y algunos siguen aprendiendo

Por: Chardin Mijahuanca Pinzón.

El primer año de gobierno es para aprender”, escuché decir a un ciudadano, tras referirse a un político que postulaba a alcalde. Lo cierto es que, no solo unas personas piensan de este modo, lo cual resulta peligroso para nuestras ciudades porque se ha visto casos, en los que algunos ciudadanos sin experiencia o nociones básicas de la administración pública, han llegado a ser alcaldes, cuyos resultados no han sido muy favorables.

En lo particular, no tengo nada contra nuestros compatriotas que carecen de experiencia en la administración pública y desean participar en política. Sin embargo, pienso que aquellos que van a ocupar cargos que demanda gran responsabilidad y liderazgo (alcaldes, gobernadores regionales, congresistas, presidentes), elegir a alguien de ellos, con por lo menos un mínimo de preparación o experiencia, es clave.

En estos días, en que los alcaldes vienen presentando el balance de sus principales logros obtenidos en el primer trimestre del año, tras cumplirse los 100 primeros días de gestión; observamos que, todavía una gran mayoría de alcaldes, tienen dificultades para gestionar el financiamiento de los proyectos de su jurisdicción, dada la falta de experiencia y liderazgo.

El ojo del amo engorda el caballo”. No basta tener asesores, es necesario que, por lo menos el cabeza (alcalde), tenga nociones básicas de sus competencias a realizar: aprobar, gestionar su presupuesto; administrar sus bienes y rentas; administrar los servicios públicos; planificar el desarrollo urbano y rural; ejecutar los planes y programas correspondientes, etc. Tareas que un asesor, al menos si no es lugareño, difícilmente hará con esmero.

En nuestro país se dice que la economía ha crecido 4%, en año pasado; lo cierto es, que no se siente. No es para menos, aún tenemos grandes brechas sociales como la anemia, la pobreza extrema, la falta de oportunidades laborales, la falta de atenciones médicas de calidad, un agro abandonado, etc. Por ello, es necesario depositar nuestra confianza en políticos que tengan cierta experiencia en la administración pública, pero, sobre todo con una gran formación moral.

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